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martes, 8 de octubre de 2013

"El peligro de la historia única", Chimamanda Adichie

Una misma historia puede ser contada de tantas formas cómo puntos de vista existen. Las diferentes perspectivas, más que excluirse entre sí  se complementan y, por tanto, es fundamental  tenerlas en cuenta para conocer, aprender y comprender cada historia de la manera más fiel posible. En muchas ocasiones hemos oído eso de que "en la diversidad está la riqueza" y la verdad es que no se me ocurre mejor ejemplo que este para demostrar la veracidad de esta premisa. 

Tómate 19 minutos de tu día para escuchar con calma las sabias palabras de  esta escritora nigeriana, Chimamanda Adichie, que nos habla del peligro de la historia única desde su propia experiencia.



Chimamanda Adichie es una novelista nigeriana, nacida el 15 de septiembre de 1977. Pasó su infancia en la ciudad de Nsuakka, sede de la Universidad de Nigeria. Su padre era profesor de estadística, y su madre trabajaba también en la universidad, como secretaria. A la edad de diecinueve años se trasladó a EEUU con una beca por dos años para estudiar comunicación y ciencias políticas en la Universidad de Drexel, en Filadelfia. Posteriormente continuó sus estudios en la Universidad Estatal del Este de Connecticut, en la que se graduó en 2001. Más adelante ha llevado a cabo estudios de escritura creativa en la Universidad de John Kopkins de Baltimore, y un máster de estudios africanos en la Universidad de Yale.
Obras:
  • La flor púrpura (Purple Hibiscus, 2003). Barcelona: Grijalbo, 2004 (Edición de Bolsillo, Barcelona: Debolsillo, 2005).
  • Medio sol amarillo (Half of a Yellow Sun, 2006). Barcelona: Mondadori, 2007.
  • Algo alrededor de tu cuello (The Thing Around Your Neck, 2009). Barcelona: Mondadori, 2010.
Premios:
  • 2005: Commonwealth Writers' Prize (La flor púrpura)
  • 2007: Orange Prize for Fiction (Medio sol amarillo)

CRISIS


               ¿De qué tipo es nuestra CRISIS?


Sin duda se trata de una crisis HUMANA.

La paradoja puede resultar cómica por absurda, pero en realidad no tiene ninguna gracia. El ser humano está en crisis de humanidad. Y es precisamente esta falta de humanidad la causa fundamental de la situación crítica en la que vivimos en el  presente y la que nos llevará a la catástrofe en el futuro.
No sé si con mis palabras estoy haciendo un uso indebido del término, pero cuando hablo de humanidad me refiero a las características inherentes a nuestra especie, aquellas propias de nuestra naturaleza y que por ende son comunes a todos los hombres de la Tierra. No importa si vives en Mississipi, en Lanzarote, en Bali o Madagascar,  todos:


  • Vivimos en sociedad, porque necesitamos relacionarnos con nuestros semejantes.
  • Tenemos sensibilidad musical.
  • Necesitamos O2, comida, agua y la luz del sol.
  • Amamos y recibimos amor.
  • Tenemos capacidad de reflexión.
  • Experimentamos diferentes emociones a diario.
  • Tenemos que dormir varias horas al día.
  • Enfermamos (...)


Quizá nos parece tan básico que olvidamos que somos así, pero lo cierto es que  nada de esto lo podemos cambiar.

El hombre ha sabido desarrollar enormemente sus funciones intelectuales y esto le ha diferenciado cada vez más del resto de seres vivos, hasta tal punto de sentirse muy superior del resto. Seguramente, si fuésemos tan grandes habríamos empleado nuestro potencial para protegernos los unos a los otros sin excepción, también en  preservar los espacios naturales que nos dan el sustento para poder vivir, en mantener limpia la atmósfera, en idear un sistema acorde con nuestras necesidades vitales... ¿Utopía? Quizá, pero no porque sea imposible de hacer. El ser humano, que allá por el siglo XV comenzó a percatarse de la responsabilidad que sobre sus hombros recaía el ser la especie más inteligente del planeta, desde que se sintió el centro del universo ya no ha sabido dirigir sus capacidades hacia otro fin que no sea el propio bienestar a costa de todo y de todos. No hemos sabido cambiar de rumbo, o más bien no hemos querido. Y la triste verdad es que a medida que nos enriquecemos y evolucionamos tecnológicamente nos volvemos más "antihumanos". Olvidamos todas esas cosas que nos caracterizan como especie y caminamos con un rumbo que nos aleja cada vez más de ellas. Es ridículo.

¿Será verdad que los ridículos somos nosotros? ¿Qué somos autodestructivos y egoístas también por naturaleza? ¿Qué no somos capaces de iniciar proyectos pensando en algo más grande que la felicidad en el presente, como bien podrían ser la preservación de nuestra especie y del planeta?

Llámame ilusa, pero pienso que no. Confío en que a pesar de ser tan estúpidos somos lo suficientemente inteligentes como para vivir en sociedad teniendo en cuenta nuestra condición de humanos y, por tanto, con el objetivo de proteger la Tierra y a todos los que en ella vivimos, de tal manera que nuestras debilidades y torpezas también humanas, supongan un daño infinitamente menor.

"Si lo hemos pensado, ya no hay razones para no hacerlo"

Les dejo el link de una charla de José Luis Sampedro que dice mucho sobre todo esto... y sin duda, infinitamente mejor expresado.

http://www.youtube.com/watch?v=Q0FufG1pqZY